Hoy he sido derrotado. Humillado incluso. Y especialmente a la
humillación le temía por sobre la victoria que consiguiera en la prueba. Sin embargo algo cambió. No me sentí vencido. No creo haber perdido a pesar de efectivamente haber sido derrotado. Algo cambió. Quizás he conseguido hacer carne el discurso que me he repetido, y las justificaciones de los hechos y dificultades de estos días han dejado de ser una excusa y han pasado a ser una razón. Íntimamente cierta. Tal vez comienzo a aprender a volar. Y mi mundo, visto desde arriba, me hace sentir paz.

Tal vez por eso no he caido, porque he presenciado mi derrota desde arriba, desde lo alto. Me he visto, pero desde lejos, y desde allí los errores son más claros, son más acotados, son menos dramáticos, son menores, porque pueden ser vistos en su justa medida.
